Urbs Iberoamericana

“Las ciudades no deben confundirse nunca con las palabras que las describen. Y, sin embargo, las unas y las otras se sostienen siempre sobre un andamiaje emocional que las hace eternamente indivisibles. En la ficción de Calvino, la ciudad se reconstruye en cada frase del relato, y lo hace probablemente porque esa «historia sentimental de los lugares que uno habita, nos recuerda, a cada paso, que nuestra impresión de la ciudad es la ciudad misma»

advertía Marco Polo al sabio Kublai Kan

 

El reino de Castilla y de León y el reino de Portugal tendrán sin duda un papel decisivo en la configuración del territorio americano. Sus actuaciones y la red urbana propuesta para América a lo largo del largo periodo de convivencia ibérica serán tan fundamentales cuanto las ricas y variadas situaciones precolombinas existentes en los distintos espacios americanos: incas, mayas, aztecas, tupis, guaranies, araucanos, patagones, arabacos, quechuas, chibchas, … y cuyas infraestructuras social, económica, urbana y viaria sirvieron de apoyo a la colonización.

En el proceso de descubrimiento, conquista y colonización se darán diversas situaciones y propuestas en relación a la forma de planificar y ejecutar las ciudades. El diálogo constante entre el lugar y la naturaleza, heredero de la cultura ibérica, principalmente renacentista, y sus consecuentes influencias  de las fuentes clásicas y de la tradición: celtibéricas, griegas, romanas, árabes y renacentistas, caracterizará todo el proceso urbanístico, dando lugar a situaciones y modelos de un gran interés y riqueza.

La “ecología de la ciudad iberoamericana” comienza con la selección del lugar y con las primeras decisiones del asentamiento. A través de esta recopilación de imágenes de ciudades iberoamericanas pretendemos profundizar en las razones últimas de su ser, en las causas que justificaron su fundación y en su relaciones con un territorio, Iberoamerica, cuya escala y dimensiones aún hoy no dejan de sorprendernos.

El continente se descubre rápidamente. De los 280 años estudiados en la exposición en apenas 60 años prácticamente se descubre la totalidad de las costas. El interior será más lentamente ocupado. Castilla descubre América, tras el descubrimiento de Nuñez de Balboa del paso del istmo de Panamá y las primeras explotaciones auríferas y argentíferas, fundamentalmente desde el Pacífico, desde el Atlántico controla dicho territorio para evitar el acceso por el Amazonas o por el Plata.

La conquista y colonización de América entre las Coronas española y portuguesa en 1494, por el tratado de Tordesillas. Esta fecha constituye un momento clave para el correspondiente proceso de descubrimiento y exploración. En cualquier caso, la fase inicial se da en las Antillas, a través del establecimiento de “Factorías” por Cristóbal Colón, lo que nos sitúa ante la introducción de un primer modelo o experiencia conceptual. Así ocurrió en la Isabela, Santo Domingo y Cuba. El proceso culminará y podrá darse por concluido con la construcción de puertos como Portobelo, Veracruz, Buenos Aires, etc. 
Este proceso de ocupación nace consecuentemente en las Antillas y los tres puertos continentales de referencia: Veracruz, Panamá y Cartagena desde donde se desarrolla la ocupación de los territorios continentales.
Desde Veracruz se expande el territorio hacia México y Estados Unidos y, especialmente, hacia Molucas y Filipinas. Panamá sirve de punto de apoyo a la colonización de la costa americana del pacífico, Perú, Chile, Argentina y sus territorios adyacentes. En tercer lugar, Cartagena sirve de apoyo a la ocupación de los territorios de Venezuela y Colombia, y a la ocupación del mítico dorado del Orinoco donde sus intereses confluyen con los colonizadores que descienden desde Lima y Quito. La colonización de Sudamérica se produce preferentemente desde el Pacífico y su explotación pasa también por dicha ruta.
Las primeras Audiencias y Capitanías Generales de las Antillas, surgidas a partir de 1492; el Virreinato de Nueva España, creado en 1535; el Virreinato del Perú, establecido en 1542, que posteriormente fue adherido al Virreinato de Nueva Granada, formado en 1719; finalmente, en 1779 fue definido el virreinato de La Plata, compuesto de diversas audiencias. 
Las primeras poblaciones se establecen en las tres islas mayores del Caribe: Santo Domingo, Cuba y Puerto Rico. La mayor parte de las fundaciones cambian varias veces de lugar hasta asentarse definitivamente y su trazado tiene carácter semirregular alrededor de una plaza mayor. Una segunda etapa está representada por las primeras ciudades fundadas en el continente, 1519, como Veracruz y la antigua Panamá; en ellas ya adivina la tentativa de formalizar un modelo basado en un entramado regular de calles y manzanas alrededor de una plaza central. 

 

En una tercera etapa, ya se pone en práctica la ciudad trazada a "cordel y regla". Esta ciudad regular se adivina en el trazado proyectado por Alonso Bravo en 1521 para México, sobre las ruinas de la ciudad lacustre de Tenochtitlan. El esquema es una malla rectangular uniforme con el gran vacío de la plaza mayor, una estructura urbana desconocida en Europa: la retícula ortogonal. 

En esta vista de la ciudad, en la que todavía se advierte su carácter lacustre, se puede apreciar la malla en retícula ortogonal de su trazado, con manzanas rectangulares, la amplitud de su plaza mayor y la apertura del conjunto de la ciudad hacia el horizonte.


Finalmente, en 1535, con la fundación de Lima, se consolida el modelo más generalizado, el de la cuadrícula, en el que destaca el gran desarrollo de las parcelas destinadas a solares urbanos y asignados a cada poblador, lo que da lugar a ciudades de bajísima densidad y abiertas hacia un territorio sin límites. 
Las ciudades portuarias en conexión con las flotas y galeones del tráfico comercial, dado su carácter estratégico, son dotadas ya a partir de mediados del siglo XVI de defensas; de ahí que muchas de ellas se vean rodeadas de perímetros amurallados , fortalezas, castillos, etc.: la Habana, Veracruz, Cartagena de Indias, Portobelo, Panamá, Lima, etc. Estos aditamentos delimitan los bordes de las ciudades, constituyendo una excepción al modelo clásico, abierto al paisaje que lo rodea. No obstante, en general no interfiere en la estructura regular de la traza.

 

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